Encuesta a
editores: Félix Bruzzone, Hernan Vanoli,
Violeta Gorodischer y Sonia Budassi
Editores de Editorial
Tamarisco.
¿Cuál
es el perfil de los sellos que editás?
No tienen un perfil único y definido, pero
si tuviéramos que definir un criterio editorial,
la prioridad es siempre la apuesta, en todo sentido.
O que descubra un universo interesante generado
por el autor, su mirada sobre, como se dice, el
mundo. Valoramos todo eso que va haciendo a la
voz única y personal de los escritores.
Pueden gustar o no, pero los nuestros no son libros
que pasen desapercibidos.
Por otra parte, hay mucho cuidado estético
en la edición, nuestra diseñadora
gráfica, Carla Gnoatto, se encarga de mantener
una cierta continuidad estética en las
colecciones y, a la vez, darle una identidad propia,
sólida, a cada libro.
¿Cuáles
son las dificultades y oportunidades a las que
te enfrentás actualmente a la hora de editar?
Las dificultades son básicamente económicas,
porque no funcionamos como empresa (ni siquiera
como pyme) y tampoco tenemos el capital suficiente
como para estar relajados. O sea: no hay ganancia
y no hay tanta pérdida aunque siempre es
un esfuerzo llegar a juntar el monto suficiente
para entrar a imprenta.
Lo cierto es que tratamos de agarrar cuanto factor
de ayuda económica haya en el aire, leáse
las ventas de las presentaciones, los subsidios,
los premios que gana alguno de nosotros cuatro,
ponencias por las que nos pagan, etc. Hay una
especie de política interna de compartir
al menos parte de todo lo que sea "dinero
cultural"; somos una suerte de pequeña
orga, o más bien, de pequeña cooperativa.
Lo interesante (¿oportuno?) de este punto,
es la reflexión sobre el término
"independiente": al no tener que depender
de los grandes parámetros de mercado en
términos económicos, hay mucha más
libertad de acción en lo que hace a la
elección narrativa: temas, autores, propuestas.
En esta instancia, nos permitimos todos lo riesgos,
y ahí es donde reside nuestra apuesta como
sello editorial.
Aunque el rol del Estado en relación con
este tipo de proyectos debería tener un
debate aparte.
Otro problema es el tema
de las ventas y de la distribución. Nosotros
funcionamos a escala artesanal, y entonces, como
el dinero de la editorial no proviene de ningún
otro lado que de nuestro trabajo como escritores,
no nos gusta nada que entre distribución
y venta nos coman un 60% o más del valor
de tapa del libro. Esa sería una dificultad,
suponemos que compartida por todos aquellos pequeños
editores que poseen un catálogo de fondo.
Otra dificultad es el precio del papel, que se
rige por valores internacionales. Las grandes
empresas pueden comprar en cantidad y eso les
abarata los costos, pero para nosotros se hace
muy difícil. Tal vez sería bueno
generar iniciativas en ese sentido junto a otros
actores de características parecidas a
las nuestras, y por eso tenemos ganas de asociarnos
a EDINAR. Nuestro desafío es intentar llegar
a otros lectores, nuevos, pero tal vez por otros
medios que no son los tradicionales. Muchos defienden
a los libreros, pero los libreros son un agente
conservador, que no compra en firme, y salvo algunas
honrosas excepciones ni siquiera te exhibe. Entonces
nuestro desafío es desarrollar nuevos canales.
Tal vez tengamos que empezar a plantearnos en
serio qué tipo de relación con el
papel queremos tener. No abandonarlo, pero pensar
otra vez esa relación. Los libros artesanales
son una vía, la impresión bajo demanda
es otra. Es un debate que recién empieza.
Las oportunidades están dadas por los nuevos
tipos de lectura y las comunidades de lectura
que la web permite desarrollar.
¿Cuál es
el libro que más te gustó editar?
¿Qué libro te hubiese gustado editar?
¿Qué libro hace falta editar? En
cada uno de los casos, ¿por qué?
El libro que más nos gustó editar
fue 76, de Félix Bruzzone. Por
el respeto, el aprecio al autor, el laburo compartido,
la apuesta conjunta. Emocionante tal vez sea la
mejor palabra para definir el proceso.
También, hay que admitirlo, nos hubiera
gustado editar Villa Celina, el segundo
libro de Juan Diego Incardona, que debutó
en Tamarisco con Objetos Maravillosos.
Acá aparece una especie de paradoja: la
libertad de ser pequeños tiene su costo:
perder buenos autores a quienes le publicamos
su opera prima.
No podemos competir con un sello industrial, grande,
aunque ofrezcan al autor un pequeño adelanto.
Es el karma de las editoriales chicas, que muchas
veces terminan funcionando como laboratorio de
experimentación de las grandes.
¿Cuál
es el rol del editor hoy en día?
El editor tiene que preservar al autor, aconsejarlo
y hacer una lectura tan sólida como crítica.
Su rol es el del resguardo previo al movimiento
de la publicación, los ojos que ven los
aciertos pero también las fallas, o las
líneas que deberían (re)direccionarse
para llegar a un lugar determinado. Vislumbrar
en conjunto ese lugar y hacerlo posible, es lo
mejor que puede pasar en ese pacto tan íntimo
que crean los editores con cada autor. Al menos
así lo vemos nosotros.
En el caso de editoriales pequeñas como
la nuestra, el editor hace todo: busca autores,
lee material, discute con el imprentero, interviene
en el diseño, en la distribución,
la prensa, etc. Trata de dejar una huella en la
recepción del texto, porque el texto es
sólo una parte de su trabajo. El editor
edita libros, no textos. Y en términos
más generales, a través del catálogo
que conforma, es un tipo que agarra materiales
culturales y los mezcla, los pone a trabajar en
conjunto. El editor es cada vez más una
figura colectiva, y la imagen pequeñoburguesa
del pequeño empresario al estilo Herralde
forma parte de lo residual.
Una pequeña
reflexión acerca del presente del libro
teniendo en cuenta las nuevas tecnologías
y soportes.
Hay cierta retroalimentación. Así
como hay intentos fallidos de pasar linealmente
el blog al formato libro, hay muchos blogs que,
con un buen trabajo editorial encima, funcionan
perfectamente como libros impreso (el caso de
Objetos Maravillosos, el libro de Incardona
que editamos nosotros). A su vez, en nuestro
blog colgamos nuestros dos primeros libros
en pdf, para que lleguen a la mayor cantidad de
gente posible. Nos decían que íbamos
a perder plata, pero una vez más, vuelve
a aparecer en escena el término "independiente":
no vamos a ganar más o menos plata por
subir nuestros libros a la web, y eso es otra
forma posible de difundir textos, voces, literatura.
Básicamente, la razón por la que
decidimos crear Tamarisco. Al menos, por ahora.
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