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Encuesta a editores: Santiago Llach


¿Cuál es el perfil de los sellos que editás?
Administro lo que podría llamarse el Ente de Siesta Residual, el manejo del stock remanente de Siesta, una editorial de poesía que llevé adelante durante casi diez años con Marina Mariasch.
Y por otra parte trabajo como editor externo para Emecé (Grupo Planeta), donde llevo y edito algunos títulos de autores argentinos y latinoamericanos.
Es decir que son dos sellos de perfiles muy distintos por un lado (una editorial pequeña y un sello de un grupo muy grande), pero por otro se trata principalmente de literatura, principalmente argentina, y de intentos de difundir algo que podría etiquetarse como “lo nuevo”.

¿Cuáles son las dificultades y oportunidades a las que te enfrentás actualmente a la hora de editar?
La dificultad y a la vez la oportunidad del contexto es que se edita demasiado. En la agonía del formato libro, hay una ansiedad por publicar libros. Es el dato fundamental.
Después, lidiar con los límites que impone la vida, que en el caso de una gran editorial son mayormente internos, y en el caso de una pequeña, externos.

¿Cuál es el libro que más te gustó editar? ¿Qué libro te hubiese gustado editar? ¿Qué libro hace falta editar? En cada uno de los casos, ¿por qué?
Haber editado primeros libros de Cucurto, Marina Mariasch, Alejandro Rubio, Martín Rodríguez, Cecilia Pavón, Paula Peyseré, Esteban Schmidt y muchos otros, y los Ensayos bonsai de Fabián Casas, fue un aprendizaje y una satisfacción humana para mí, porque editar es una manera de relacionarse con gente de la que uno aprende.
Supongo que me habría gustado editar todos los libros que me gustó leer. Lo que hace falta no es editar un libro (porque cualquiera edita un libro) sino ayudar a buscar la forma de que internet sea rentable o interesante para los autores, de manera que los incentive a seguir produciendo obras creativas.


¿Cuál es el rol del editor hoy en día?
El de siempre: leer, sugerir, empaquetar de la mejor manera, hacer circular las obras. En esta época en que es difícil pensar en términos de transformación de la realidad, podemos pensar que el editor se ocupa de ayudar a generar experiencias estéticas, como la de la lectura, que por lo menos pueden mejorar un poco la vida de algunas personas.
Eso cuando me despierto optimista. Cuando me despierto pesimista, creo que la literatura (y ni hablar la industria editorial) es un modo de control y de reforzamiento de la desigualdad social.

Una pequeña reflexión acerca del presente del libro teniendo en cuenta las nuevas tecnologías y soportes.
Atravesamos un período similar, en lo que llamamos cultura, al del pasaje del manuscrito al libro impreso. El libro ya fue. Lo que llamamos libro, quiero decir, ya fue. Ya tiene otra forma que no es la que tuvo, ya es producido de otra forma, ya circula de otra forma. Evidentemente hay prácticas ancestrales (contar una historia, escucharla o leerla) que permanecen. Pero este momento es un momento de revolución cultural, y por lo tanto es un momento fascinante para un editor. Hay muchas herramientas nuevas, hay mucha incertidumbre, y eso inevitablemente genera experiencias interesantes.

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