Encuesta a
editores: Lucas
Funes Oliveira
Editor de la
Editorial
Funesiana
¿Cuál es el perfil de los sellos
que editás?
Buscamos editar textos con cierto power, desparpajo,
incorrección, ganas de triunfar, de ser
bárbaros, de probar. Nuestra editorial
(que no es una editorial propiamente dicha o,
como diría Trillo Grubba, es la editorial
más chica de latinoamérica)
busca más o menos lo que buscan ustedes
en Recursos Editoriales: talento. Nuestro scouting
apunta a jóvenes escritores con proyección
y compromiso con la literatura. Un compromiso
que nadie nos paga debidamente. Buscamos pibxs
con personalidad más que paracaidistas,
oportunistas o piolas con buena pinta. A veces,
los encontramos, otras veces no. Una falacia que
me conmueve: no todo está perdido.
Nada se perdió, es cierto; se trata de
una pose. Una pose que atrae a un público
activo, un público que valora los libros
y las apuestas, un público que entiende
el valor de un tipo yendo al frente contra sus
propias limitaciones (hablo de autor y editorial).
Los lectores que buscamos también son de
esos que tienen hormigas en el abierto, curiosos
y hermosos por eso mismo. Queremos halagar al
lector con una buena tipografía, buena
presentación, tapa dura, algo exclusivamente
para él, una forma de agradecer su elección
y la búsqueda de autores tiene que ver
con eso: que estimule, de solo leerlo, para largarse
a escribir o romper todo.
¿Cuáles
son las dificultades y oportunidades a las que
te enfrentás actualmente a la hora de editar?
En principio, la tirada es una dificultad. La
Editorial Funesiana publica 40 ejemplares de cada
título. Eso es poco o poquísimo,
según cómo se mire. De todas formas
son las condiciones en las que se me ocurrió
la editorial. No poder publicar me llevó
a encuadernar mi primer libro de cuentos. En aquél
entonces el papel no estaba tan caro como ahora.
Y el hecho de que estuviera cosido por su propio
autor agarraba el guante blanco y cacheteaba a
más de un niño bien que se quejaba
de no recibir la atención debida del psi
o del editor. Como dice
Glenda Vieites, hay muchas cosas que el editor
es para las cuales no está preparado. Esa
es otra de las dificultades, nuestra escasa o
nula experiencia. No solo en los errores típicos
que puede tener cualquier editorial (erratas,
diseño, tiempos de devolución y
publicación) sino también al momento
de apostar con autores o hacerse un lugar entre
empresas editoriales.
Para no sufrir de úlcera apenas si me considero
editor.
Otra dificultad son los mismos autores o el escaso
público interesado en los libros. Es muy
común que una editorial imprima 500 ejemplares
de un título y una mitad se los entregue
al autor (como muchísimo) y otra los guarde
en un depósito o los distribuya en varias
librerías sin los suficientes recursos
logísticos para estar al tanto de cada
uno de esos ejemplares (si se vendieron o no,
etc) por lo tanto hay autores que están
acostumbrados (resignados) a regalar ejemplares
u olvidarse de los libros pasados los 6 meses
de publicado.
Hay editoriales que trabajan para que esto no
pase (aunque suene imposible de creer) y es donde
entra el trabajo de los estudiantes de Puán;
el motor son las reseñas o críticas
de libros. Sin embargo, se le da tan poca importancia
a las reseñas que hoy en día se
ven muchas donde apenas se habla del libro en
lugar de ver una seria opinión estética
o de debate sobre el autor o su literatura. Lo
triste es que no se puede estar en desacuerdo
sin generar un duelo a muerte con los distintos
escritores y sus troups de tiernos mafiosos. Algo,
por lo menos, adolescente para un ambiente literario
que le pasa el trapo a muchos países en
cuestión de escritores y libros publicados
por año.
La cereza del postre vendrían a ser los
estudiantes de Puán, que en lugar de estudiar
para críticos literarios, la gran mayoría
estudia para ser Escritor con la esperable frustración
que esto implica por confundirse de parada de
colectivo, digamos.
Releo mi respuesta y pareciera que no quiero estar
donde estoy. Es cierto que podría hacer
otra cosa pero no me sale. Y si me saliera tampoco
la querría hacer. Me gusta el lugar en
el que me puso la Editorial porque hay muchísimas
buenas que devienen excelentes a medida que sacamos
títulos. De algo estoy seguro, el trabajo
de un editor o de una editorial no se puede medir
en una cantidad x de títulos ni en una
cantidad x de tiempo. Y por otro lado, no tengo
apuro ni me molesta divertirme, algo que aprendí
en la Vanguardia Literaria Open Gallo(1) mientras
relajaba con una cerveza.
¿Cuál
es el libro que más te gustó editar?
¿Qué libro te hubiese gustado editar?
¿Qué libro hace falta editar? En
cada uno de los casos, ¿por qué?
Todos en su momento tuvieron una clara razón
por la que estaba muy bien editar ese libro. Los
Pacoquis, de Levín, me permitió
jugar con la presentación, es el libro
que más tapas tiene. Córdoba
– Buenos Aires – Rosario, es
el resultado de un año de ir y venir con
los cordobeses amigos del fútbol y las
lecturas en vivo. Escolástica Peronista
Ilustrada, de Carlos Godoy, es el que más
satisfacciones me da a la hora de identificarme
como parte de la editorial. La edición
estuvo al cuidado de Juan Terranova que es el
colaborador más fiel que tiene la Funesiana;
es parte de la Editorial como primer socio y un
buen complemento a la hora de bajarme un cambio
para enfrentarme a la realidad. También
estuvo a cargo de la edición de Grunge,
de Alfredo Jaramillo y San Francisco / Córdoba
de Luciano Lamberti (próximo a salir).
Editar a Jaramillo es otra de las satisfacciones
más grande que me dio este trabajo ad honorem;
arrancar poetas de otras provincias para exponerlos
en una ciudad tan poco federalista me llena de
orgullo. Hay que viajar un poco más. Hay
que buscar jóvenes autores en las distintas
provincias. Estuvimos con Terranova en Rafaela
y vimos que está creciendo bastante el
círculo literario. En Neuquén, también
(de dónde viene Jaramillo), en Mendoza
después de la pasada de El Quinteto de
la Muerte y su lectura se animaron varios poetas
a organizar sus propias lecturas. Me gustaría
visitar más provincias y descubrir otros
autores jóvenes (o no tanto). Descubrir
nuevas formas de decir las cosas, nuevos “cómo”
de otras ciudades. Textos con mate pero sin facón
y bombacha apeando el caballo; para nada telúricos.
No puedo viajar tan seguido como quisiera pero
el trabajo que hizo El
Suri Porfiado en sus primeros diez títulos
es más que refrescante. Eso habría
que editar; autores de otras provincias acá
en Buenos Aires que es “por donde pasa todo”.
También me da un poco de tristeza aclarar
que habría que editar más mujeres
habiendo tantas y muy buenas. Rasgos de un mercado
ubicado en un país machista y retrógrado.
Otro desafío es hacer libros baratos. Es
una parte complicada pero en la Editorial estoy
viendo la manera de implementarlo. Libros de más
de 25 pesos ya casi no puedo comprar y es una
pena. Las novedades o nouvelles a más de
35 me parecen una falta de respeto.
Me hubiera gustado editar Villa Celina,
de Juan Dé Incardona o Berazachussetts
de Leandro Avalos Blacha. Dos libros que cumplen
con lo que busco además de ser divertidos
y darte ganas de escribir.
¿Cuál
es el rol del editor hoy en día?
No tengo ni la más puta idea. Cuesta encontrarle
una tarea específica. Más que nada
los editores tienen que cumplir con varios roles
a la vez. En ese sentido concuerdo con Vieites
sobre lo de coach de escritores que no
tiene nada que ver con revisar un texto o corregir
una escena o erratas de un libro. Lo de crear
una idea de realidad, que ella menciona, da una
clave desde dónde lo dice. Habría
que discutir seriamente los roles según
el lugar que se ocupa. Crear una idea de realidad
no es lo mismo si manejo un presupuesto exclusivamente
para eso. Crear un autor de la nada, crear un
autor desde abajo, publicar un primer libro no
es lo mismo hacerlo desde la Editorial Funesiana
que desde una empresa editorial con sede central
en España. Muchos editores compiten con
la Funesiana cuando deberían competir contra
editoriales independientes más grandes
(De la Flor, Del Zorzal, etc). Ahora, ¿independientes
de qué? Ser editor independiente; qué
lindo. Pero Lebenglick desde Adriana Hidalgo también
es un editor independiente. ¿Los dos somos
independientes? ¿Por qué no se discute
hasta dónde llega la independencia? ¿Qué
significa independencia? Si a las editoriales
que le cobran a los autores les llaman editoriales
de autor, me pregunto cómo se llamará
a las que publican libros con subsidios del gobierno
nacional o municipal.
Ya sé que somos todos independientes (sí,
claro, después del pifie del Che en Bolivia
creo que lo de “independencia” es
un chamuyo de la Matrix que cada vez me cuesta
tragar más) pero algunos son más
dependientes de subsistir mediante apoyos estatales
que por plata de los autores “porque no
da”. Entonces, hay una proliferación
de editoriales subsidiadas. Habría
que dejarse de chiquilinadas y recategorizar a
las editoriales según sus recursos y la
ambición de cada una para que, en el momento
de pedir un subsidio, no me pongan en la misma
fila de Adriana Hidalgo porque resulta que los
dos somos editores independientes. Es una estupidez
marca cañón que con dos o tres reuniones
serias termina de resolverse. Si yo pido un subsidio,
deberían tener en cuenta que hago 40 ejemplares
por título y no 3000. Pero como yo, hay
varias editoriales encolumnadas en la enquilosada
categoría de “independientes”
pidiendo limosna como si nos hicieran un favor.
Entonces, el rol del editor, si puedo acercarme
a una respuesta, debería tratar de ubicar
y hacerse ubicar donde corresponde. Con tanta
nueva editorial, habría que hacer públicas
las discusiones desde donde transformar el campo
cultural. No solo se trata de aprender el timming
para publicar un autor o un texto específico.
También hay que juntarse a discutir por
qué y para qué sirve tener distintos
mercados (tipos de lectores) que no tienen problema
en ir a buscar libros a El Ateneo o a la Feria
del Libro Independiente y Alternativa. Y para
todo esto, hay que organizarse. El rol de hoy
en día tiene que ver con buscar cómo
ganar un espacio mayor en el mercado y se ve que
si te mandás solo te quedás solo.
Una pequeña
reflexión acerca del presente del libro
teniendo en cuenta las nuevas tecnologías
y soportes.
El libro está vivito y coleando. Los blogs,
los flogs, los mensajes de texto, los mails y
toda esa enfermante cantidad de nuevas formas
de expresión no reemplazan al talento en
lo más mínimo. En los libros o en
los blogs se pueden encontrar grandes escritores.
Las diversas alarmas de las nuevas tecnologías
o el problema de la “desaparición”
de los libros (sísí, una exageración
tan grande que me recuerda a Garcette, “la
imaginación de la gente nunca se acerca
a la realidad”) son formas de operar en
diversos medios culturales para vender más
y más a través de la noticia y la
novedad que nada tienen que ver con sentarse a
escribir (sea una máquina de escribir,
una computadora, la palm, el cyber, un celular).
La enorme cantidad de blogs o el amplio desarrollo
de e-books solo pueden incrementar y potenciar
al libro. No hay nada que compita contra el libro
más allá de otro libro. Mientras
las máquinas no tomen el poder seguirán
siendo herramientas para lograr objetivos muy
simples y a la vez complejos: hacer literatura.
Y para eso, vale todo. Hasta los graffitis en
los muros o las puertas de los baños.
(1) Grupo de escritores que se
reunía los jueves a la noche para jugar
al fútbol y, ya desde las duchas, hablar
sobre libros, fútbol, escritores y mujeres.
Algunos integrantes que públicamente reconocen
haber formado parte son: Pedro Mairal, Santiago
Llach, Fabián Casas, Juan Diego Incardona,
Washington Cucurto.
Títulos
de la Editorial Funesiana
Papel de Lucas Oliveira
Los Pacoquis de Federico Levín
Córdoba - Buenos Aires - Rosario
antología de cuentos y poemas de porteños
y cordobeses
Escolástica Peronista Ilustrada
de Carlos Godoy
Grunge de Alfredo Jaramillo
Próximos avenir
San Francisco / Córdoba de Luciano
Lamberti - Colección Plaquetas de Poesía
Poesía para Gerentes de Lucas
Oliveira - Colección Plaquetas de Poesía
Autogol antología de cuento -
varios autores - Colección Juntos son Dinamita
Volver
|
|